sábado, 24 de noviembre de 2012

La cuesta de Mo Yan

Hace unas semanas me llamaron de Canal Extremadura para recabar mi opinión acerca del último premio Nobel, el novelista chino Mo Yan. Como no tengo el gusto de haberlo leído -ni siquiera su novela El sorgo rojo, tan aclamada por los que han visto la película- despaché el asunto indicando los nombres de posibles lectores amigos míos; a saber, un editor y un poeta. Ninguno de los dos lo había leído, lo que dice mucho -y bien- de ellos. A fin de cuentas el Nobel es un premio que se concede precisamente para eso, para que leamos a autores que ni sospechábamos que existieran. A los pocos días mi librera me mostró encantada el reportaje sobre Mo Yan en el que ella y otros libreros aparecen comentando los lugares comunes del autor. Al parecer, el periodista en cuestión rastreó a fondo hasta dar con alguien (español, se entiende) que hubiera leído a Mo Yan. Sus pesquisas condujeron hasta una apacible ama de casa que se encontraba -lástima- de viaje. Ya iba a caer vencido en su empeño de glosar las virtudes del chino cuando el hijo de ésta, en un arranque de sinceridad, lo confesó todo: no sólo había leído varias novelas del chino sino que estaba a punto de merendarse la última.

Y así fue como, por fin, apareció la verdadera noticia.     

martes, 20 de noviembre de 2012

Rara avis

Breve enumeración de escritores diametralmente opuestos a mi manera de pensar (no puedo añadir "ideológica" pues no existe ideología que se ajuste a tal arbitrio), a los que sin embargo admiro y releo:

Jorge Luis Borges, Ezra Pound, Fernando Pessoa, Rudyard Kipling, Giuseppe Ungeretti, Luigi Pirandello, Ernst Jünger, Agustín de Foxá, Julio Camba, Luis Rosales, Octavio Paz, Vargas Llosa, Aleister Crowley, Lewis Carroll, Cioran, Platón...

A éstos, como a tantos otros, me une, mediante un raro lazo de familiaridad, la lectura fecunda de sus mejores páginas. Si bien, como en todas las familias, por muy queridos que éstos me resulten, prefiero tomar mis copas con otros parientes.   

Claro que, entre éstos, también tengo pocas esperanzas de encontrar a alguno que piense exactamente como yo.

Planeta ruido

Acaba uno de recibir una de esas pequeñas tristezas ante las que no puede, no quiere permanecer inmune. Cuando las razones se atrincheran en nuestro cerebro surge el cavernícola que todos llevamos dentro, por más que sobre los hombros repose -brillo opaco condenado a extinguirse- cierto aura de intelectualidad. "Intelectual". No puedo escribir esta palabra sin bostezar largamente.

Dialogábamos sobre poesía -para variar- en la red social por excelencia, Facebook, esa proverbial herramienta de trabajo que es, a la par, vertedero sin fondo de insensateces, hastíos varios y troqueladas imágenes proyectadas en el infinito de la vanidad humana. Así somos. Ya lo decían los griegos. No hemos adelantado gran cosa. Debatía, digo, con un destacado poeta a quien siempre he admirado y al que hace tan sólo unas semanas, en virtud de nuestra inesperada amistad virtual, había estado releyendo. Esta tarde hablábamos de los Panero, de poetas y músicos, de gustos y criterios, en fin, sin mayor trascendencia. Hasta que ha surgido el conflicto entre Israel y Palestina, tan descarnado en las últimas horas. Al parecer uno está mediatizado por el pensamiento "progre" y por ello justifica a los palestinos mientras condena las maniobras de "autodefensa" israelíes; al parecer no es capaz de ver con sus propios ojos la injusticia, el sufrimiento, la barbarie humana por parte de ambos pueblos. Quizá para sacarme de mi ceguera, para ilustrar mi ignorancia o para tocarme los cojones, el poeta me ha enviado un mensaje sin texto adjuntando un vídeo que justifica la autodefensa israelí. Le he contestado, sin añadir palabra, con un enlace al siguiente documental. Ha sido entonces cuando sin llegar a discutirlo siquiera, sin concederme la oportunidad de expresar mi opinión, el bardo me ha eliminado de sus contactos. Todavía anda por la red jactándose de ir borrando pro-palestinos.

Sorpresa, profunda decepción, tristeza. He dado un largo paseo para rumiar todas estas sensaciones. Qué ciega pasión puede llevar a alguien, por lo demás sensible y culto, a comportarse así, con tan burdos modales. ¿Fanatismo? ¿Soberbia? ¿De qué vale todo el saber acumulado, la hermenéutica y la prosodia, el espíritu y la retórica... cuando se siente tan poco interés por los demás?      

Qué tristes aquellos que sólo se interesan por remachar los oxidados clavos de su ideología, que se asientan en ideas estancas, que pertenecen sólo a un pueblo y no al de todos los seres humanos. Qué patéticos estos poetas mayores tan inmundamente enanos en su precaria humanidad. Qué feo, qué gris, qué mostrenco es el mundo que nos han dejado.

Pero guardaré sus poemas. Ahora sé que lo mejor de él ni siquiera le pertenece.

lunes, 12 de noviembre de 2012

jueves, 8 de noviembre de 2012

Lluvia y gracia


Cada vez que el aguacero me asalta en plena calle -sin paraguas, por supuesto- y con el ánimo acelerado acude en mi auxilio aquel poema de Claudio Rodríguez, "Lluvia y gracia", y me digo agradece esta lluvia, siente cómo cala la intemperie, deja que estas gotas limpien lo enquistado, el tósigo de lo cotidiano y previsible... Sólo entonces consigo ralentizar mi paso y respirar hondamente la sal alborotada que llena mis pulmones. Y me complace enormemente saltar sobre los charcos.


LLUVIA Y GRACIA

Desde el autobús, lleno
de labriegos, de curas y de gallos,
al llegar a Palencia,
veo a ese hombre.
Comienza a llover fuerte, casi arrecia,
y no le va a dar tiempo
a refugiarse en la ciudad. Y corre
como quien asesina. Y no comprende
el castigo del agua, su sencilla
servidumbre; tan sólo estar a salvo
es lo que quiere. Por eso no sabe
que le crece como un renuevo fértil
en su respiración acelerada,
que es cebo vivo, amor ya sin remedio,
cantera rica. Y, ante la sorpresa
de tal fecundidad,
se atropella y recela;
siente, muy en lo oscuro, que está limpio
para siempre, pero él no lo resiste;
y mira, y busca, y huye,
y, al llegar a cubierto,
entra mojado y libre, y se cobija,
y respira tranquilo en su ignorancia
al ver cómo su ropa
poco a poco se seca.


Claudio Rodríguez

Olas de una tarde de noviembre.

Siempre hay un rincón de la tarde en el que la luz declina más lentamente. Una conciencia súbita de que la vida va pasando y está bien que así sea. La tierra con sus sucias nubes negras, el sordo cielo con el paso cambiado. Una canción nos asalta y el camino tiembla como una hoja de cuchilla o como un junco salvaje, su herida es la misma: dulce veneno de juventud, veredas que perdieron su destino, pasos que un día dejaron de seguirnos... ¿qué fue de aquella muchacha? -¿cuál era su nombre exacto? Pero sólo queda un aire marchito que la música recrea y resplandece en un lejano sueño de olas.

Esa canción hoy ha sido "Ripples" de Genesis.


La letra (Phil Collins no es Peter Gabriel pero tampoco le hace falta) puede leerse traducida aquí.


lunes, 8 de octubre de 2012

Adiós al proyecto Pneuma


Todo tiene un sentido en esta vida, incluso lo más incomprensible. Estos días me decido a dar por finalizado el proyecto Pneuma.

Quizás ha sido un sueño, una quimera mía el empeño de formar un equipo con músicos curtidos en mil batallas que, todo hay que decirlo, terminan lastrando la ilusión por lo que de verdad importa: las canciones. Digamos en su favor, y en honor a la verdad, que la crisis tampoco ha facilitado las cosas. Para un músico hoy es más difícil que nunca poder vivir de lo que crea. Gastos mínimos como la gasolina, los instrumentos, el estudio o el tiempo invertido han resultado a la larga insalvables para la continuidad del proyecto.  La penosa situación actual de la música rock en España tampoco ha puesto las cosas fáciles. La música de Pneuma no tiene cabida fácilmente en las salas de conciertos, a menudo tugurios sin luz donde ahora los grupos además de amenizar la noche pagan por tocar. Defenderé con mis dientes el haber tratado de reunir el disperso talento de varios de mis compañeros en una misma dirección: crear música libre. Libre es un concepto libre, lo engloba todo: música de acceso gratuito -de entrada-, subida a Internet de los procesos de creación en tiempo real, experimentación y riesgo a la hora de crear, entre todos, la música que llevamos dentro. Sin presiones. Libres. En esto parecíamos de acuerdo.

Contra lo que alguno pueda pensar, Pneuma no ha sido nunca "mi proyecto".  Creía en el talento y la voluntad de superación musical de cada uno de sus miembros, pero -a la vista está- sólo he contado con lo primero. Lamento, sobre todo, haber dejado uno de los mejores temas que habíamos compuesto -"Hotel Palestina"- en el desván de los sueños rotos. Todo debe tener, ya digo, un sentido.

En el océano cibernético queda, gratis como siempre quisimos, nuestra música, esas tres canciones editadas bajo el extraño nombre -que a nadie, al parecer, contentaba- de Pneuma. Pero hubo más: maquetas y versiones, letras y experiencias, las reuniones en el local de ensayo, los viajes y la música... Ante el abandono y la deserción de los demás, doy por concluida esta aventura musical. Vendrán -qué duda cabe- otras igualmente apasionantes. A los que siempre nos habéis apoyado, a los que sin conocernos habéis disfrutado con las canciones y los vídeos, os doy las gracias una vez más. Un recuerdo desde estas líneas para Álvaro, Rafa, Manuel y Liber, deseándoles lo mejor en el futuro. Por último, no puedo evitar nombrar a quienes habéis estado cerca en todo momento: Chuty, Celima, Blanca, Andrés, Juanpe, Nando, Carmen, Elisa, Silvia, Paz, María, Pepe Rades... lo hecho merece la pena sólo por habernos puesto en el camino. Amor y neutrinos. Salud y poesía.