domingo, 19 de julio de 2020

Mal de Stendhal

Con tanta postal maravillosa de Trujillo, creo que mis vecinos sufren una rara variante del mal de Stendhal. Solo fotografían la belleza yerta de los monumentos, la estéril hermosura de un paisaje vencido, vacío, casi fantasmal. Ahí siguen, discutiendo la gloria de un pasado efímero, de una épica apagada, esa bruñida moneda que ya no da para comer.

Pocos quieren ver otra realidad distinta a esa. Lo cual, a estas alturas, podemos calificar de alucinación colectiva. 

Porque... ¿quién se ocupa del presente? Que Trujillo se haya convertido en Comala, en una villa espectral y sin futuro ante los ojos de todos es demasiado duro de asimilar, lo entiendo, pero hay que hacerlo. 

Todo paciente tiene derecho a conocer el mal que le aqueja. No podemos mirar a otra parte, negar los síntomas, seguir mintiéndonos más tiempo. Trujillo se cae a pedazos. Con una tasa de paro del 22'9% y una despoblación que ronda las 100 habitantes al año, poca fiesta podemos hacer. 

Habría que pedir responsabilidades a quienes han gobernado la ciudad en los últimos años. Lamentable es que, a cambio de un escaño, la "magia que nunca acababa" haya devenido en un mal truco de prestidigitación de consecuencias funestas. Seguimos pagando el alquiler y ni rastro del casero.

Que otros sigan, mientras puedan, fotografiando, añorando y vendiendo un Trujillo inexistente. 

Yo seguiré viviendo en las calles mal alumbradas, transitando las aceras rotas, deteniéndome en los invisibles semáforos, asomándome a los locales vacíos y preguntándome por qué ha crecido tanta mala hierba por todas partes. 

Sí, contemplar este pueblo produce lágrimas. 

Pero de las otras.


lunes, 12 de marzo de 2018

Todo cambia



Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo
Cambia el clima con los años
Cambia el pastor su rebaño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Cambia el más fino brillante
De mano en mano su brillo
Cambia el nido el pajarillo
Cambia el sentir un amante
Cambia el rumbo el caminante
Aunque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño

Cambia, todo cambia.
Cambia, todo cambia.

Cambia el sol en su carrera
Cuando la noche subsiste
Cambia la planta y se viste
De verde en la primavera.
Cambia el pelaje la fiera
Cambia el cabello el anciano
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño.

Pero no cambia mi amor
Por más lejos que me encuentre
Ni el recuerdo ni el dolor
De mi pueblo y de mi gente.
Y lo que cambió ayer
Tendrá que cambiar mañana
Así como cambio yo
En esta tierra lejana.

Cambia, todo cambia.
Cambia, todo cambia.



miércoles, 23 de agosto de 2017

La democratización del arte

Daltónico de cuna y bizco de ambos ojos, X no sabía pintar ni dibujar. Su hija le pedía que dibujara moñigotes, así que un buen día, gracias a la democratización del arte, la tecnología puso en sus manos un puntero electrónico para reproducir formas y estampar diseños sobre cualquier superficie. De la noche a la mañana se convirtió en un reputado ilustrador y llegó a diseñar la mascota de los Juegos Olímpicos. Estaba en lo cresta cuando una bala perdida truncó su fulgurante carrera. 

Sordo como un leño y bruto como él solo, Y jamás cursó estudios musicales ni aprendió a tocar una nota. Su novia le pedía con insistencia canciones, así que un buen día, gracias a la democratización del arte, la tecnología puso en sus manos uno de esos softwares que emiten sonidos mediante algoritmos, procesando voces y reproduciendo ritmos con solo pulsar un botón. En poco tiempo llegó a ser un reputado artista y, año tras año, fue alumbrando la "canción del verano" hasta que un día, nadie sabe cómo, una bala puso límite a su talento.

Disléxico de remate y galán de tres al cuarto, Z no dio nunca palo al agua ni tuvo otra iniciativa que la de vivir a costa del esfuerzo ajeno. Sus amantes le exigían abonar largas deudas pero él se hacía el sueco. Un buen día, gracias a la democratización del arte, el destino puso en sus manos una impresora en 3D. En un abrir y cerrar de ojos su sótano se llenó de reconocidas piezas de arte. A nadie extrañó que su cuerpo acabara acribillado a las puertas de una casa de subastas.  

A, B y C son, en cambio, artistas de raza, jamás han pretendido triunfar a cualquier precio. La legislación les impide crear al aire libre, en la plaza, en el parque, mientras juegan los niños. Tampoco les está permitido cantar en la calle porque distraen a los turistas y no dan buena imagen. Si les da por dibujar sobre paredes en ruina o fachadas abandonadas tienen que vérselas con la policía. 

La democratización del arte aún no ha llegado para ellos pero tienen ya muy claro que, el día que ésta les alcance, abandonarán definitivamente el Arte y se dedicarán al comercio de armas.