miércoles, 3 de septiembre de 2014

Una vez más

¿Para qué sirve la poesía? ¿Qué utilidad pueden tener unos versos en esta época de disfraces y emperadores? Una vez más es la poesía quien acude en mi ayuda:


CONTRA EL TIRANO

Escribió un libro entero contra el tirano.
Quinientas páginas de epigramas hirientes y prosa ácida,
Inflamada por el más noble afán de justicia.

Documentó sus crímenes atroces,
Su poder tenebroso, su corrupción
Y el final desamparo de todo autócrata.

Esperó la condena a muerte,
La tortura, la cárcel o el destierro.
Pero al tirano le fascinó la invectiva.
Nada la agradó tanto como el revés de la trama.
Leyó bajo tanto odio la admiración,
En el tono indignado la voz de un cómplice.

Y lo nombró su secretario perpetuo
Y el redactor de sus edictos monstruosos.

José Emilio Pacheco, Como la lluvia, (2009)

Abrazo en la sombra

Bajo las sombras del día tu piel yace cubierta por la sal del verano. Alejado de todos, buscas al amigo que dispute al tiempo unas horas de vibrante armonía. Cuando por fin lo encuentras, lo reconoces de inmediato:

“Guárdate –me dijiste- de los que nunca se cansan y abusan de las explicaciones. Son capaces de disecar una flor para deconstruir su perfume, de explicarle a un enamorado que los besos transmiten infecciones. Capaces de condenarte por una metáfora y por dejar que la imaginación sea libre. Para ellos, la belleza es un insulto, la verdadera poesía cívica ha de ser fea, y esa ausencia tuya de ahora tal vez les prive… ¡de razones para vivir!”

De repente calla el amigo a tu lado y cierras el libro donde aún centellean sus palabras. Desde la contraportada te abraza la solidaria cadencia de su nombre:
“Mahmud Darwix, nacido el 13 de marzo de 1941 en Birwa, aldea cercana a Acre, en la Palestina del mandato británico. (…) Considerado un referente fundamental en la poesía árabe del siglo XX, es el poeta árabe más leído y traducido…”. No te fíes de las solapas -te susurra, cómplice- es fácil exagerar. Sonríes. Vas a decirle que no, que en su caso está más que justificado... pero caes en la cuenta de que estás solo, completamente solo y perdido como una piel cubierta por la sal del verano. Vuelves la mirada al libro: “Falleció en Houston (EEUU) el 9 de agosto de 2008”.


Puestos por la vida

Leyendo esta noticia me ha dado por pensar en lo "muy puestos" que vamos todos a diario. Quien más y quien menos atraviesa una depresión (con sus dosis de ansiolíticos), padece algún trastorno (con sus lecturas de autoyuda), sufre por el medioambiente (con sus berreas nocturnas) o directamente pasa hambre (aquí chitón). Luego están las fobias: a los toros, a los espacios cerrados o abiertos, a los concejales de cultura... y las adicciones: melómanos, reggettoneros, cantantes de karaoke y tunos. Por no hablar de las nuevas adicciones: gente wasapeando mientras camina (y al revés), púberes sin más consuelo que una videoconsola, abueletes enganchados a la canción del verano... Todos y todas, sin excepción, vamos "puestos" por la vida, prendidos de alguna dependencia. 

Y de repente he sentido una dulce nostalgia del borracho, del yonqui, del pirao... y sus graves trastornos fiablemente descritos. 

Siglo XXI

Almacenar más música de la que podremos escuchar nunca y más libros de los que leeremos jamás. Esta es nuestra condena en el siglo de la abundancia: a la ignorancia por el exceso.

Lección de ciudadanía

¿Qué es eso de la "ciudadanía"? Aprendamos la lección que nos da esta niña de diez años de edad. Guarden silencio las mentes adultas.


Si tú eres yo...

Si tú eres yo y yo soy tú, oh
compañero, tenemos una cita aplazada
con la mitología. ¿Qué camino tomamos?
Dijiste: El camino es nuestro modo de hablar del mañana.
Te dije: el viaje ya ha empezado.
Dijiste: ¿Cuántas veces me dirás el viaje ya ha empezado?
Dije: Ningún mañana permanece en su estado.
Dijiste: pero es que el mañana aún no es.
Dije: Pasó, en algún momento, junto a nosotros, y nosotros junto a él, sin darnos cuenta.
Dijiste: ¿Cuántas veces me dirás: El viaje ya ha empezado?
Dije: en tanto el poema esté incompleto.


Mahmud Darwix, En presencia de la ausencia (Pre-textos)

domingo, 27 de julio de 2014

La palabra y su silencio


Trujillo acogió el pasado mes de junio el IV Festival Internacional Ciudad de Trujillo. Como rezaba el lema, “La Música y la Palabra de España y América” tomaron diversos enclaves de la ciudad para desarrollar, durante diez días, conciertos, recitales, conferencias y actuaciones varias. Una loable iniciativa que viene a refrendar la buena disposición que brinda nuestra localidad a esta clase de eventos. Otra cosa bien distinta es el público trujillano, la sufrida ciudadanía autóctona que ve cómo de espaldas a sus necesidades prioritarias se programan actividades de corte elitista en una localidad que arrastra, con penosa terquedad, la carencia espantosa de una Casa de Cultura propia. Si cualquier municipio que se precie exhibe con orgullo la “casa de todos” que representan estos centros culturales abiertos a todas las manifestaciones creativas, artísticas y sociales de la comunidad, lo cierto es que los trujillanos no podemos hacer lo mismo. No tenemos Casa de Cultura pero sí Festivales Internacionales, Ferias Internacionales y Fiestas Internacionales, todo es internacional en Trujillo menos lo propio, que sigue siendo localista, barato y, a menudo, feo. 

Es el caso de nuestro Teatro Gabriel y Galán. El mismo edificio que otrora fuera -a juzgar por las crónicas, las fotografías y el testimonio de algunos testigos- emblema de la vida cultural y social de nuestra ciudad, es hoy un frígido habitáculo impersonal concebido para dejar escapar el calor en invierno y retenerlo en verano, merced a su techumbre de uralita. Asimismo, la programación que ofrece a sus gélidas y a menudo deshabitadas butacas a lo largo del año no alcanza a situar a Trujillo entre las ciudades destacadas del panorama escénico extremeño. Por más que hayan surgido importantes iniciativas ciudadanas empeñadas en recuperar ese espacio, lo cierto es que el Teatro Gabriel y Galán es hoy un baluarte que ejemplifica el poco interés que la ciudadanía trujillana, reforzada por la desidia política, muestra por sus espacios culturales. Lo mismo podríamos aplicar al Archivo Municipal, que guarda importantísimos documentos de incalculable valor histórico y científico relacionados con la historia de nuestra ciudad, y que sin embargo adolece de las condiciones mínimas exigibles para la óptima conservación, el estudio y la difusión que este valioso patrimonio sin duda merece.

¿Y qué diremos de la Biblioteca Municipal, todavía sin nombre? ¿A qué esperan las autoridades competentes para llevar a cabo la reforma que precisa este centro del saber? Hablamos, desde luego, de una reforma profunda, rigurosa y que no se resolverá -ay- cambiando simplemente su ubicación. La Biblioteca de Trujillo refleja, con penosa terquedad, todo lo que no debe ser una biblioteca. Si hablamos sólo de sus fondos, éstos se encuentran mal catalogados, pésimamente ordenados en las estanterías, parcialmente digitalizados, y lo que es peor: sólo se ofrece al público un porcentaje minúsculo (en torno al 30%, según la “documentada” fuente) de todo lo que constituye el patrimonio bibliográfico trujillano. Así, no debe extrañarnos que el expurgo sin consentimiento de autoridad política alguna haya sido práctica frecuente, como ya denunció el Club de Lectura hace algunos años, cuando encontramos, ante nuestros atónitos ojos, cajas y más cajas de cartón repletas de libros, revistas y álbumes fotográficos, además de donaciones varias, todas ellas apiñadas y listas para ser recogidas por el servicio municipal de limpieza. Mejor será ahorrar a los sufridos lectores la descripción de las innumerables faltas técnicas que presenta la actual biblioteca: baste indicar, como ejemplo, que actualmente la obra narrativa del Nobel Gabriel García Márquez se encuentra confinada en el cuarto trastero, junto a los cubos de la basura y demás utensilios de limpieza. 

Caso aparte merece el trato dispensado por el personal fijo de la Biblioteca al Club de Lectura, iniciativa ciudadana que cumplirá el próximo mes de octubre sus primeros diez años de vida. En efecto, desde 2004 un heterogéneo grupo de vecinos y vecinas de todas las edades venimos reuniéndonos en la Biblioteca cada miércoles para poner en común lo leído previamente en casa y celebrar, de paso, nuestra pasión por los libros y la buena conversación con un cafelito y unas pastas. Así hemos abordado ya 68 títulos y han pasado por nuestro Club más de 60 personas. Que la nuestra fuera desde el inicio una actividad impulsada por la Concejalía de Cultura, no evitó que nuestro colectivo formado por adultos y ancianos fuera expulsado de la Biblioteca por “hablar alto”, es decir, por hacer eso mismo que constituye el eje central de nuestra actividad. Estas increpaciones continúan a día de hoy. 

En base a todo lo expresado, cabe preguntarse qué papel ocupa verdaderamente la cultura en la vida social trujillana. Una localidad que pese a dar cobijo a sedes culturales y fundaciones de diversa índole, no ve reforzada con ello la vida cultural de sus ciudadanos porque simple y llanamente la mayoría de las actividades que se programan en ella o son elitistas o cuentan con una promoción que deja mucho que desear. 

Un buen ejemplo de esto último es la Feria del Libro. No podemos afirmar que este evento de reciente creación haya supuesto todavía un éxito de participación en los tres años que se ha realizado, ni siquiera a la luz de los datos que muestran un crecimiento significativo en cuanto a la asistencia de público y a la venta de libros. Lo que da la verdadera talla de lo mucho que queda por hacer es precisamente la escasa implicación de los trujillanos –personas, empresas y colectivos- en materia de cultura, el pertinaz desconocimiento de nuestra propia historia como pueblo, los bajos índices de lectura en una población con una media de edad avanzada, la escasa oferta privada, la desmotivación del comercio local, etc... Incontestable resulta recordar que, con anterioridad al nuevo modelo de Feria del Libro que trata de paliar estas deficiencias, Trujillo sólo contaba con un triste y simbólico mercadillo de libros de segunda o tercera mano. 

No sería justo reprochar únicamente a los gestores de lo público la pertinaz desidia que hacia nuestro propio patrimonio, nuestro saber y nuestra cultura mostramos los trujillanos. Desidia reforzada, eso sí, por largas décadas de olvido, desatención y distracción de las necesidades socioculturales que Trujillo como ciudad presenta, lo cual no ayuda precisamente a contrarrestar la caída vertiginosa del número de habitantes.

Y es en este punto donde conviene distinguir entre cultura y espectáculo, entre cultura y cualquiera de las formas de ocio bajo las cuales se alude interesadamente a esta palabra. No debemos perder de vista que en la raíz semántica del término “cultura” está “cultivo”, y más exactamente el “cultivo del alma y la mente”. Es meridianamente claro que la cultura refuerza la libertad y el sentido crítico del individuo favoreciendo la creación de un modelo de sociedad más justa. Esto es exactamente lo opuesto a ese otro concepto de “cultura” basado en el entretenimiento, la escasez de valores éticos y el amodorramiento sistemático de la población a base de potenciar sus instintos más primarios. “Todo es cultura”, he oído decir muchas veces a políticos acomplejados, gestores de lo público que sólo buscan el rédito electoral y cuentan sus acciones en virtud de ese objetivo. Mal le iría a Trujillo si cayera en la tentación de secundar ese camino desatendiendo las múltiples carencias de su ciudadanía en materia cultural, y convirtiera sus sedes y espacios en microcosmos cerrados, reductos para el refinamiento estético, reservas de dudoso privilegio destinadas a una élite, a menudo foránea y siempre temporal. 

Ajena al devenir del tiempo, la palabra encontrará siempre la manera de expresar lo que queda en los márgenes de la Historia Oficial. La palabra y su silencio. 

sábado, 26 de julio de 2014

Últimos días

Como buenos y fervorosos creyentes, hemos acudido al Centro Comercial esta mañana a preguntar cómo va el asunto del fin de los tiempos. A primera vista todo nos ha parecido como de costumbre: las salas llenas, la música -bendita sea- clamando impenitente por los altavoces, los fieles comulgando, los datáfonos echando humo... Todo en armonía y de acuerdo a la Ley Suprema. Ya nos íbamos a echar unos vinos cuando, al pasar frente al centro de los Testigos de Jehová, lo hemos encontrado abandonado, completamente vacío, es decir: sin un alma. Sólo el mensaje divino tantas veces repetido por ellos seguía rezando en el escaparate: "ÚLTIMOS DÍAS". 

Ahora tenemos miedo de habernos confundido de religión justo en vísperas de la hecatombe. No sabemos dónde escondernos aunque nos consuela saber que el fin del mundo nos encontrará elegantemente vestidos y con todas nuestras deudas pagadas.


lunes, 21 de julio de 2014

El sentido común


En última instancia, cuando la inteligencia desfallece, todos apelamos al sentido común, esa especie de piloto automático que no sabemos muy bien dónde empieza ni dónde termina. El sentido común es la plaza pública de nuestra conducta social, el garaje de nuestras creencias, el túnel de nuestra sensatez adormecida. A lo que no es egoísta, interesado, intencional... lo llamamos sentido común. Así dejamos que vele por nosotros en nombre de una inteligencia repartida en los otros, en la seguridad de la costumbre, en el tácito acuerdo de que las cosas siempre pueden ser peor. Gramsci decía que el sentido común es el folklore de la filosofía. Y no le falta razón. Pocas son las personas que se atreven a pensar por sí mismas, que rehuyen el lugar común y los dictados del sentido así llamado, porque en lo "común" se encuentra la comunidad, la comuna y por tanto la exención de responsabilidades. Pensar supone siempre un esfuerzo y no digamos ya actuar de acuerdo a ideas propias, a decisiones conscientes y elaboradas. Eso requiere no ya valor sino heroísmo. Para descansarnos del esfuerzo de ser libres está el sentido común. Prueben ustedes. Desobedezcan la lógica aplastante del sentido común y tracen su camino hacia la libertad. La reconocerán porque llega siempre en soledad.