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domingo, 25 de septiembre de 2016

Contra el tirano

¿Para qué sirve la poesía? ¿Qué utilidad pueden tener unos versos en esta época de disfraces y emperadores? Una vez más es la poesía quien acude en mi ayuda:


CONTRA EL TIRANO

Escribió un libro entero contra el tirano.
Quinientas páginas de epigramas hirientes y prosa ácida
Inflamada por el más noble afán de justicia.

Documentó sus crímenes atroces,
Su poder tenebroso, su corrupción
Y el final desamparo de todo autócrata.

Esperó la condena a muerte,
La tortura, la cárcel o el destierro.
Pero al tirano le fascinó la invectiva.
Nada la agradó tanto como el revés de la trama.
Leyó bajo tanto odio la admiración,
En el tono indignado la voz de un cómplice.

Y lo nombró su secretario perpetuo
Y el redactor de sus edictos monstruosos.


José Emilio Pacheco, "Como la lluvia" (2009)

domingo, 11 de septiembre de 2016

Fiestas patronales

Con qué primor se visten los jóvenes del pueblo.
Con qué pasión acuden puntuales a su misa.
Con qué fervor levantan el palio a su patrona.
Con qué vehemencia cuentan y olvidan sus pecados.
Con qué premura corren ya todos a la plaza.
Con qué impaciencia gritan que empiece la verbena.
Con qué pericia compran bebidas y sustancias.
Con qué ansiedad esnifan y beben mientras bailan.
Con qué rigor se enfrentan, bravucones, entre sí.
Con qué brutal destreza torturan al novillo.
Con qué violencia arrastran y violan a la chica.
Con qué alegría comparten sus hazañas en la Red.




sábado, 13 de agosto de 2016

Abel

Se cumplen ya diez años de tu muerte.
Bien sé que no te olvidan, que te lloran
aquellos que te amaron y te aman.

También en mí clama incisivo el dolor,
el corazón se resiente y protesta.
Un áspero velo nubla mis ojos.

Pero llorar de más a nadie salva.
Nada cambia llorar como quien niega.
¿Acaso fuera justa esta condena?

¿Qué sabemos, atados por lo humano
a débiles pasiones, a naufragios
del alma, si existe un destino más alto?

Óyeme bien, mi fiel amigo, es hora
de bendecir tu vida y celebrarte.
Nos dimos amor siempre y no lo olvido.

Allí donde la infancia se alargaba
tu voz fue mi cobijo en la tormenta,
libres al fin y alegres, compartimos

juegos, terrores, mutuas confidencias,
y esa mirada nueva, siempre limpia.
Pura y generosa fue nuestra lealtad.

A ella ofrezco tu memoria y mi alegría.
Alto es el don que la amistad ofrece
y allá donde estés mi ser te bendice.

Por ti renuncio a la soberbia del llanto,
evito la muda afectación del verso
y renuevo, Abel, hermano, mi promesa.

Siempre aunque estés lejos te acompaño.
En mí, alegre siempre, yo te llevo.